Pimpinela convirtió los reclamos, los celos y las infidelidades en una fiesta de canciones durante su presentación del domingo 25 de octubre de 2026 en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Lucía y Joaquín Galán combinaron música, actuación y humor ante un público que coreó sus principales éxitos.
El espectáculo comenzó con imágenes de una antigua entrevista sobre los orígenes de los hermanos argentinos y continuó con “Olvídame y pega la vuelta”. Desde los primeros acordes, los asistentes acompañaron al dúo y respondieron a las discusiones escenificadas como si presenciaran una conversación real de pareja.
“Hace muchos años tuvimos un sueño Lucía y yo, como hermanos, de llevar nuestras canciones por medio mundo”, expresó Joaquín, quien agradeció a México por mantener un lugar importante en la historia de Pimpinela. También destacó que entre el público convivían varias generaciones, incluidos seguidores que conocieron la música del dúo por sus padres.
Canciones, humor y discusiones sobre el amor
El repertorio incluyó temas como “Vivir sin ti no puedo”, “Mírame a los ojos”, “Me hace falta una flor”, “Cómo le digo”, “Ese estúpido que llama”, “Por ese hombre” y “Prefiero estar sola”. Algunas interpretaciones estuvieron acompañadas por fragmentos de sus videos originales y por actuaciones en las que Lucía y Joaquín recrearon los conflictos de sus personajes.
El humor apareció durante un intercambio sobre las mentiras en las relaciones. Joaquín provocó a las mujeres del público y Lucía respondió que los hombres no necesariamente mienten menos, sino que son más lentos para descubrir ciertas situaciones. La conversación provocó risas y aplausos en el recinto.
Los hermanos también contaron que muchas de sus canciones surgieron de las experiencias sentimentales de familiares y amigos. Joaquín recordó que las personas acudían a su casa para compartir sus problemas y que, al día siguiente, esas historias podían transformarse en una canción; Lucía explicó que la teatralidad de los temas le permitió combinar la música con su interés por la actuación.
Un homenaje a la familia
La noche cambió de tono con “Se van”, canción dedicada al momento en que los hijos dejan el hogar. Las pantallas mostraron fotografías familiares mientras los artistas reflexionaban sobre la separación y la permanencia de los vínculos afectivos.
Lucía también recordó la historia de sus padres, quienes emigraron de España a Argentina. Contó que su padre llegó primero y que, después de cuatro años de comunicación por correspondencia, su madre viajó en 1952 para reunirse con él. Esa experiencia familiar inspiró “El amor no se puede olvidar”, interpretada como un homenaje a quienes han fallecido.
Durante ese momento, la cantante pidió al público encender las luces de sus teléfonos. Las pequeñas luces entre las butacas acompañaron el homenaje antes de que el concierto retomara su tono teatral con canciones como “La trampa” y “Hay amores que matan”.
Pimpinela también presentó “Hermanos”, una canción que puso en el centro la relación entre Lucía y Joaquín. Las imágenes de su infancia recordaron que, antes de las giras y los escenarios, ambos compartían una historia familiar que se convirtió en la base de su carrera artística.
Tras interpretar “Éramos tan jóvenes”, el dúo volvió a las canciones de desamor. Cuando el público pidió otra interpretación, Lucía preguntó si quería una canción con pelea o sin pelea. La respuesta fue unánime: “¡Con pelea!”, y los hermanos continuaron con “Una estúpida más”.
El concierto terminó con “Cuánto te quiero” y una lluvia de papelitos de colores. Así, Pimpinela cerró una presentación en la que sus discusiones amorosas funcionaron nuevamente como punto de encuentro entre distintas generaciones de seguidores.

