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Gonzalo Celorio defiende la libertad de la novela como reflejo de la sociedad

El escritor Gonzalo Celorio afirmó que la novela es un género esencialmente libertario porque requiere libertad para expresarse y permite examinar de manera crítica la realidad social, política y cultural de una época.

La reflexión forma parte de su ensayo “La novela, género libertario”, incluido en el libro El premio, previsto para publicarse en abril de 2027. El autor compartió el texto durante una lectura estatutaria de la Academia Mexicana de la Lengua, institución de la que es director.

La novela y la libertad de expresión

Celorio plantea que la novela no solo procura la libertad, sino que parte de ella para construir una actitud crítica frente al entorno. Por esa razón, considera que el género fue vigilado durante el periodo colonial, cuando la expresión literaria podía cuestionar el orden político y social.

De acuerdo con su análisis, durante los tres siglos de dominación española no surgió en Nueva España ni en otras regiones de América una obra que pudiera considerarse plenamente una novela. En su lugar existieron textos con rasgos narrativos, pero sin alcanzar las características del género.

El escritor ubica la aparición de la primera novela mexicana propiamente dicha en El periquillo sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, publicada a comienzos del siglo XIX, en el contexto de la independencia y bajo el marco de libertades asociado con la Constitución de Cádiz.

Un espejo de la realidad social

Para Celorio, la novela funciona como un espejo de la sociedad de la que surge, incluso cuando recurre a elementos fantásticos. Su alcance, sostiene, va más allá de registrar hechos: también incorpora los sueños, los recuerdos, las invenciones y los conflictos internos de las personas.

En ese sentido, distingue entre la historiografía y la literatura. Mientras la primera busca la veracidad de los acontecimientos, la novela trabaja con la verosimilitud y puede ofrecer una visión más amplia de la experiencia humana.

Como ejemplo, menciona Pedro Páramo, de Juan Rulfo, obra que considera capaz de acercar al lector a la realidad del campo mexicano mediante la inclusión de voces, memorias, deseos y percepciones que no siempre aparecen en los textos históricos o sociológicos.

El legado del boom latinoamericano

El ensayo también aborda el boom de la novela latinoamericana durante la década de 1960, periodo en el que destacaron autores como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa.

Celorio señala que aquel fenómeno fue literario y editorial, y que el respaldo de editoriales españolas contribuyó a la difusión internacional de las obras latinoamericanas. También recuerda la experimentación formal de Rayuela, de Cortázar, y de La casa verde, de Vargas Llosa.

Sin embargo, considera que muchos de esos recursos ya fueron superados y que la novela contemporánea se ha simplificado. A su juicio, la literatura en español alcanzó una madurez que ya no necesita repetir las estrategias formales del boom para validar su importancia.

La novela necesita una libertad para expresarse y, generalmente, lo que expresa son los conflictos de una sociedad.

La propuesta de Celorio coloca la libertad creativa y la capacidad crítica en el centro de la novela, entendida no solo como una forma de narrar historias, sino como una vía para explorar las múltiples dimensiones de la realidad.